En 1996, Karl-Friedrich Scheufele tomó una decisión audaz: devolver a Chopard la capacidad de fabricar sus propios calibres mecánicos desde cero. Para lograrlo, fundó la manufactura en la localidad de Fleurier, en el corazón del Val-de-Travers. Tres décadas después, ese compromiso con la independencia técnica y la pureza artesanal alcanza un nuevo hito con el lanzamiento de dos piezas que rinden tributo directo a su legado: el L.U.C 1963 Heritage Chronograph y el L.U.C 1963 Heritage Regulator.
Ambas creaciones encarnan visiones distintas y complementarias sobre el dominio del tiempo. Mientras una captura la adrenalina de los intervalos fugaces, la otra rinde homenaje a la serenidad de los antiguos relojes maestros de observatorio.
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L.U.C 1963 Heritage Chronograph: la precisión de los intervalos
El L.U.C 1963 Heritage Chronograph apuesta por la deportividad clásica y la arquitectura mecánica de alto nivel. Su caja de 42 milímetros está forjada en Lucent Steel™, el innovador acero patentado por Chopard con una tasa de reciclaje superior al 80% y un brillo similar al platino.
En su esfera, vestida en un sofisticado azul de Prusia con decoración rayos de sol descentrada, destaca una escala graduada que facilita la lectura de cronometraje rápido. En el interior late el calibre de cuerda manual L.U.C 03.07-L, equipado con embrague vertical, rueda de pilares y función flyback, que permite reiniciar y arrancar una nueva medición de forma instantánea. Con una reserva de marcha de 60 horas, cada detalle de sus puentes de alpaca y perlado a mano es visible a través del fondo de cristal de zafiro.

L.U.C 1963 Heritage Regulator: el tributo a los relojes de observatorio
Por su parte, el L.U.C 1963 Heritage Regulator traslada la técnica a un terreno de contemplación matemática. Diseñado en una caja de 40 milímetros elaborada en oro blanco ético de 18 quilates, este modelo recupera la carátula tipo regulador. Históricamente, estos relojes separaban las horas, minutos y segundos en esferas independientes para evitar cualquier confusión óptica y servir como punto de calibración a los maestros relojeros.
El minutero domina el centro de la carátula plateada, mientras las horas y los segundos descansan en contadores dedicados. Lo más sorprendente de este modelo reside en su mecánica: el movimiento manual incorpora la tecnología Chopard Quattro con cuatro barriletes acoplados, otorgando una autonomía récord de 216 horas (9 días de reserva de marcha) en un perfil mecánico de apenas 4.90 milímetros de espesor.

Dos visiones, 25 piezas numeradas
La exclusividad es absoluta. Chopard ha limitado la producción de cada variante a solo 25 unidades en todo el mundo. Ambos guardatiempos ostentan la doble certificación de cronometría COSC y el Punzón de Ginebra (Poinçon de Genève), un aval riguroso que solo se otorga a movimientos con acabados manuales y tolerancias de precisión excepcionales ejecutados dentro del cantón ginebrino.
A 30 años de encender los motores en Fleurier, Chopard demuestra que la auténtica excelencia relojera no consiste únicamente en acumular complicaciones, sino en preservar intacta la devoción por el oficio.
